viernes, 14 de mayo de 2010

Entrevista

a) ¿Qué es el imperialismo cultural?
b) ¿Existen culturas más importantes que otras?
c) ¿De qué manera la industria cultural ha fortalecido un reconocimiento devaluado de identidades distintas a las del primer mundo?
d) ¿Ha afectado eso “la autoestima” latina?

Respuestas:

a. Esta pregunta señala hacia el problema de lo uno y lo múltiple a nivel cultural. La expresión “imperialismo cultural” en general se tiende a asociar con la idea de colonización, conquista, absorción o devaluación de una cultura por otra mediante técnicas de masificación y persuasión eficaces, que llevarían a las culturas receptoras a aceptar nuevos contenidos semánticos, nuevos enfoques, nuevas tendencias, nuevos símbolos que generarían a su vez nuevas concepciones de vida y, por consiguiente, nuevas actitudes y acciones en aquellas personas persuadidas.

Se usa generalmente para señalar el proceso de globalización de un modo de producción particular basado en el libre mercado y la idealización de la atomización de la sociedad en la iniciativa y libertad individual, así como un modo de estado y de estructura política que muestra a la economía de libre mercado, al estado democrático y a la filosofía liberal como el norte hacia el cual debe tender la humanidad actual.

El llamado “imperialismo cultural”, ha sido asociado con una “norteamericanización del mundo” o “globalización de la cultura norteamericana del consumo”, que también va de la mano con desarrollos tecnológicos que catapultan a los medios de comunicación a escalas cada vez más altas de masificación. A su vez, el proceso de desarrollo de nuevas tecnologías de información y comunicación trajo consigo la idea de la interconexión, de las redes, se da paso a nuevas concepciones de inclusión tecnológica, de libertad de expresión, de interacción, de trabajo y de producción.

Sin embargo, este proceso que se interpreta como una nueva forma de destrucción cultural o de hegemonía imperial, parece ser la cara inicial de un proceso histórico más amplio de la humanidad actual, que se resume bajo la idea de “unidad en la diversidad” y de “particularidad global”. Esto significa que el interés por promover la economía de libre mercado ha generado un proceso de transformación cultural mundial que ha creado lugares comunes planetarios de significación y de encuentro, necesario hoy en día para afrontar los nuevos retos para la supervivencia humana, pues una consciencia de humanidad más grande, más general que vaya más allá de los particularismos nacionales, es necesaria para generar más consciencia de especie que de “raza”, “nacionalidad”, o “cultura particular”. Así, aquello que inicialmente es visto como destrucción y hegemonía cultural, puede ser sólo el primer paso de un proceso de ampliación los horizontes particulares que conlleven la formación de una nueva unidad en una idea de “vida humana” reconstruida por la interacción, y que no riñe con la necesaria diversidad o multiplicidad que se forma por la tendencia humana a la particularización o personalización de las formas estandarizadas.

¿Hegemonía o proceso de autoconsciencia global? Ver este “imperialismo cultural” sólo como algo “malo” en sí mismo, desdeñable y criticable, puede ser la forma particular de ver un proceso más amplio en que se muestra la necesidad humana de pactar, encontrar o construir nuevos espacios semánticos y simbólicos más globales, que garanticen cierta unión frente a retos globales de supervivencia, de unidad en lo múltiple, que necesariamente comienzan por algún lado, y que surgen como consecuencia de un mundo cada vez más comunicado.

b. Desde una primera impresión no parecen existir culturas más importantes que otras si por importante se entiende que una cultura tiene mayor significado o valor que otra en sí misma. Sin embargo, la pregunta plantea el problema de la comunicabilidad de las significaciones entre las diversas culturas, de si estamos abiertos a la reciprocidad cultural o tendemos a pensar que una construcción cultural se convierte en EL paradigma cultural. Ya no es el problema de lo uno y lo múltiple sino el problema de si existen formas de saber si hay significaciones teleológicas del ser humano como tal.

Este problema se ve cuando se comparan, por ejemplo, dos culturas y se dice que tiene mayor significación para la humanidad una cultura que es respetuosa de la ley que una que no lo es. A simple vista puede parecer loable, pero cómo distinguir si ello es una meta humana o es un modo de “imperialismo” como se decía en la pregunta anterior.

La cultura es un artificio, es decir, deviene de los acuerdos sociales implícitos o explícitos, por tanto, lo propio de la cultura es la tendencia a la diferenciación. La noción de “importancia” implica una valoración según una construcción de criterios y finalidades de autosignificación de la vida de los pueblos, es decir, la valoración que se haría de tal o cual artificio en particular; en ese sentido no habría culturas más importantes que otras, sino diversidad de significaciones artificiales en el sentido dicho.

Pero el problema de la posible comunicabilidad de significaciones queda planteado; el ideal sería acoger de cada cultura lo que el ser humano necesite, por ejemplo, la capacidad científica de transformación de la materia propia del mundo industrializado y la capacidad de respeto por la tierra y sus recursos propia de culturas no industrializadas. Aun el inmigrante, por mucho que conscientemente busque su adaptación cultural, nunca deja de tener esa cultura madre a la que pertenece, tal vez a lo sumo podrá intercomunicar sentidos y formar una especie de micro cultura subjetiva.

c. Hay un cierto sentimiento de tristeza cada vez que se piensa en los efectos de la industria cultural en Latinoamérica. “Ser o parecer extranjero está de moda”, parece ser la consigna de hoy en nuestro medio, no en vano se dice que “los argentinos se creen alemanes y los chilenos se creen ingleses”; lo que se muestra con tristeza en esta “invasión cultural” es que en el fondo se desprecia a la propia cultura e identidad. Si se valora más lo que viene de fuera es porque de algún modo no se está contento con lo que se tiene dentro. Ahora bien, al menos en nuestro medio, eso es en parte eso es comprensible, pues ¿cómo se puede vivir orgulloso en una sociedad cuya cultura es permisiva con la corrupción, produce hornos crematorios para desaparecer víctimas, produce “falsos positivos”, desplazamiento forzado, secuestro y fosas comunes cada cierto tiempo?

De allí que la interpretación que le doy a la pregunta, es que la producción cultural confronta y le hace preguntas a la cultura propia, que es la propia identidad. Confrontar no es minusvalorar, cuando conocemos a alguien distinto a nosotros necesariamente su identidad nos confronta y nos hace preguntas.

La expresión “industria cultural” ha tomado nuevas significaciones desde que Adorno la formuló en su “Dialéctica de la ilustración” aunque conserva el núcleo común que ya él intuyó en su época; la asociación entre producción masiva y en serie, propia del mundo industrial, con la idea de significación puede parecer aberrante a primera vista, pues ¿es posible producir la significación de los pueblos tal como se produce en serie vasos, sillas o cualquier otro objeto? , pero en este caso, no porque una cultura es tal se debe tolerar todo lo que pasa en ella bajo el excusa de que “somos así”, pues eso es no reconocer la capacidad humana de re-crearse y re-significarse.

En conclusión, no parece que otros pretendan minusvalonarnos, sino que al entrar en contacto con la cultura de masas nos develó a nosotros mismo que, en el fondo, no estamos contentos con lo que somos.

d. Sí, claro que sí. Está en relación con mi respuesta anterior. Es la muestra de un secreto desprecio por nosotros mismos.

Profesor: Ever Eduardo PUJ